Mi vida gira en torno de un crepúsculo
rancio,
con cara pérdida
y dientes sueltos
al que le estoy ladrando sordamente
en interminables tormentas de res y fastidio.
Hasta el día en que lluevan flores de sus dedos y papa salpicada,
le crezcan sus cabellos fermentados,
ese reloj que no siento tan lejano,
pero tirano de lo que se lleva.
Gato enterrado en el fondo del patio,
con ella irá nadando
y me miraran desde el tapial;
El tango, las costillas, el aceite,
los ruleros, la camilla, el olor,
y sus zapatos,
cuantos regalos en el hombro gris y mojado.
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